Cuerpo y mente son las dos caras de la misma moneda. El cuerpo físico refleja lo que
está ocurriendo internamente en una persona. Las emociones y los pensamientos
tienen un efecto en lo somático. Podemos decir que a la inversa también. Las ideas y
pensamientos reflejan lo que acontece en el cuerpo: los malestares, la enfermedad, el
gozo o el placer.
La doctora Christiane Northrup lo explica a la perfección en su libro dedicado a la salud
femenina, llamado: “Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer”. El estilo de vida, la calidad
de las relaciones interpersonales, la alimentación, el ejercicio y el descanso influyen de
forma significativa en la salud personal.
En este artículo me quiero centrar en la importancia de tener un entorno social que
apoye y sea estimulante para la persona. Se sabe, desde la psicología y otras disciplinas
sociales y científicas, que el ambiente condiciona en parte la salud y el bienestar. Las
relaciones de pareja, familiares, de amistad, de trabajo pueden ser causa de sufrimiento
o por el contrario de gratificación. De ahí la necesidad de elegir relaciones que sumen, enriquezcan nuestros vínculos y también nos ayuden a crecer a nivel individual.
El aislamiento es un mal de la sociedad actual. A raíz de la pandemia de 2020, con el
apogeo de las redes sociales y la comunicación digital, muchas personas están
perdiendo la capacidad de hacer contacto con los otros en la realidad. Lo virtual no
puede sustituir a lo real. No se trata de volver a la época de las cavernas, sino más bien,
de servirse de la tecnología para hacer la vida más fácil, sin perder la humanidad.
En poco tiempo se ha avanzado enormemente en el desarrollo de las nuevas
tecnologías. Esto tiene numerosas ventajas, pero también inconvenientes. El aumento
de la adicción a las redes sociales, en los jóvenes sobre todo, es notable. Por este
motivo, las prácticas de conexión con el cuerpo terapéuticas, estar en la naturaleza y
relacionarse con amigos y seres queridos es ahora más relevante si cabe que en épocas
pasadas.
Es por ello que el bienestar corporal y psicológico hay que cuidarlo. Evitar el exceso de
pantallas, y no sólo en los niños, también en los adultos es fundamental para cultivar lo
que la expresión latina “Mens sana in corpore sano” reza. Para lograr el equilibrio
espiritual es necesario tener salud en el cuerpo y viceversa, teniendo en cuenta que
pasar demasiado tiempo delante de una pantalla puede afectar negativamente a este
equilibrio.
Buscar el propio centro, la concentración y la contemplación enraizada en la materia,
son, sin duda, imprescindibles para vivir una vida tranquila y con estabilidad emocional.
“Los problemas ya vienen solos”, dicen también el dicho español. Y es cierto.
Para mantenerse en equilibrio interior y centrado se requiere sortear los obstáculos con
determinación, pero también con delicadeza para fortalecer lo que en el próximo
articulo trataremos: la resiliencia. Hasta entonces, cuídense.